06 marzo, 2026

La PMO: el lugar de la organización donde la estrategia deja de ser discurso

Hay una escena que se repite con frecuencia en muchas organizaciones. En las salas de juntas se discute la estrategia con entusiasmo: se analizan tendencias, se identifican oportunidades, se formulan objetivos ambiciosos y se dibuja un futuro prometedor. Los documentos estratégicos se elaboran con rigor, las presentaciones son impecables y las metas parecen claras.

Sin embargo, con el paso de los meses, algo empieza a desdibujarse. Las prioridades cambian, los proyectos se multiplican y las iniciativas estratégicas comienzan a perder claridad en medio de la dinámica cotidiana de la organización.

No es que la estrategia haya sido mal concebida. El problema suele ser otro: no existe una arquitectura organizacional capaz de garantizar su ejecución.

Esta tensión entre estrategia y ejecución es uno de los grandes desafíos de la gestión moderna. Formular una visión es importante, pero materializarla requiere algo más que buenas ideas. Requiere disciplina organizacional, coordinación entre áreas y, sobre todo, un mecanismo que permita traducir los objetivos estratégicos en acciones concretas.

En el mundo contemporáneo, ese mecanismo tiene un nombre muy claro: los proyectos.


La estrategia se materializa en proyectos

Las organizaciones se transforman a través de proyectos. Cada iniciativa tecnológica, cada programa de innovación, cada proceso de modernización institucional o de expansión de servicios se concreta mediante proyectos que buscan producir cambios específicos en la organización.

Aquí puedes introducir el primer esquema conceptual de la presentación:


Este esquema resume una idea fundamental: la estrategia solo se materializa cuando se convierte en proyectos ejecutables. Pero aquí aparece una paradoja interesante: muchas organizaciones tienen proyectos, pero no necesariamente gestionan estratégicamente sus proyectos.

Cuando las iniciativas surgen de forma dispersa, cada área comienza a impulsar sus propias prioridades. Los recursos se distribuyen sin una visión integral, los equipos trabajan en direcciones diferentes y las decisiones se toman con información fragmentada. El resultado suele ser una sensación de movimiento constante, de gran actividad organizacional, pero no siempre de avance estratégico real.

Es en este punto donde emerge la necesidad de una estructura capaz de articular esa compleja red de iniciativas. Una estructura que conecte dos dimensiones que en muchas organizaciones viven separadas: la estrategia y la ejecución.

Ese espacio es precisamente el territorio natural de una Oficina de Gestión de Proyectos, más conocida como PMO.


La evolución de la PMO

Durante mucho tiempo, las PMO fueron vistas como oficinas administrativas encargadas de supervisar proyectos. Su función se asociaba con la elaboración de reportes, el seguimiento de cronogramas o el control de entregables. Bajo esa lógica, la PMO era percibida como un área técnica cuya principal misión consistía en mantener el orden en la gestión de proyectos.

Sin embargo, la evolución de las organizaciones ha transformado profundamente este rol.

Hoy entendemos que una PMO es mucho más que una unidad de control. En su concepción moderna, una PMO es una unidad organizacional estratégica encargada de centralizar, coordinar y optimizar la gestión de portafolios, programas y proyectos, asegurando que las iniciativas de la organización se ejecuten de manera alineada con su visión y sus objetivos estratégicos.



Elegir bien los proyectos

Esto significa que la PMO no solo observa proyectos; también contribuye a responder preguntas fundamentales para la organización. ¿Qué iniciativas deberían ejecutarse primero? ¿Qué proyectos aportan mayor valor estratégico? ¿Cómo se deben asignar los recursos? ¿Qué iniciativas deben replantearse o incluso detenerse?

Estas preguntas son esenciales porque, en la práctica, todas las organizaciones enfrentan la misma realidad: siempre hay más proyectos que capacidad real para ejecutarlos. La gestión estratégica consiste precisamente en priorizar, en decidir dónde invertir energía organizacional y dónde no hacerlo.

Las organizaciones más maduras en gestión han comprendido que la clave no está en ejecutar más proyectos, sino en ejecutar los proyectos correctos.


Embudo de priorización de proyectos

El principio es simple pero poderoso: no todas las iniciativas deben convertirse en proyectos, lo que tradicionalmente se conoce con el nombre de "Embudo de priorización de proyectos".


El puente entre la visión y la operación

En ese sentido, la PMO se convierte en un puente entre la visión de la alta dirección y la operación cotidiana de la organización. Permite que las iniciativas estratégicas se gestionen de manera integrada, que los recursos se asignen con criterio y que los avances se monitoreen con una perspectiva global.

Pero quizá uno de los cambios más importantes en la evolución de las PMO tiene que ver con la manera en que se concibe su propósito.

Muchas PMO fracasan porque se enfocan excesivamente en procesos. Cuando una oficina de proyectos se limita a producir formatos, reportes o procedimientos, termina perdiendo legitimidad dentro de la organización. Se convierte en burocracia y deja de ser percibida como una estructura que aporta valor.


De controlar proyectos a generar valor

Las prácticas contemporáneas de gestión proponen una mirada diferente. Hoy se habla de PMO orientadas a valor, cuyo propósito principal no es controlar proyectos, sino generar resultados organizacionales a través de ellos.

Desde esta perspectiva, la PMO funciona como un proveedor interno de servicios estratégicos. Su misión consiste en comprender las necesidades del negocio, diseñar mecanismos de apoyo a los proyectos y facilitar la toma de decisiones de la alta dirección. En lugar de actuar como una instancia de control, se convierte en un habilitador del cambio organizacional.

Este ciclo refleja una idea fundamental: la PMO no genera valor una sola vez; lo hace de forma continua.


Cuando la gestión de proyectos se vuelve estratégica

Cuando una PMO alcanza este nivel de madurez, los efectos comienzan a sentirse en toda la organización. La alta dirección obtiene mayor visibilidad sobre las iniciativas estratégicas. Los proyectos dejan de competir entre sí. Los recursos se asignan de forma más racional. Los riesgos se identifican con anticipación y las decisiones se toman con información consolidada.

En otras palabras, la organización pasa de gestionar proyectos de manera aislada a gestionar estratégicamente su transformación.


Una ventaja competitiva silenciosa

En un entorno donde las organizaciones necesitan adaptarse permanentemente a los cambios del mercado, esta capacidad se convierte en una ventaja competitiva silenciosa. No necesariamente se trata de tener más proyectos, ni de contar con mayores recursos. Muchas veces la diferencia radica en algo más sutil: la existencia de una arquitectura organizacional que permita ejecutar la estrategia con disciplina.

En este orden de ideas, la PMO forma parte de esa arquitectura, y no es simplemente una oficina técnica ni un ejercicio metodológico. Es una estructura que permite que las ideas estratégicas no se queden en documentos o presentaciones, sino que se conviertan en iniciativas coherentes, coordinadas y orientadas a resultados.


Donde la estrategia se convierte en realidad

En última instancia, la verdadera fortaleza de una organización no está solo en imaginar el futuro que desea construir. Está en su capacidad para hacerlo realidad.

Y en el mundo organizacional, esa capacidad se expresa en la manera en que se gestionan los proyectos. Por eso, más que una oficina administrativa, la PMO representa algo mucho más profundo: el lugar donde la estrategia deja de ser discurso y comienza a convertirse en realidad.

12 enero, 2026

El proyecto no vive en el software: reflexiones sobre MS Project y la gestión real

En el ámbito de la gestión de proyectos, pocas herramientas han alcanzado el nivel de difusión y reconocimiento de Microsoft Project (MS Project). Para muchos equipos y organizaciones, su uso se ha vuelto casi sinónimo de “gestionar un proyecto”: si hay un cronograma en MS Project, pareciera que el proyecto está bajo control. Sin embargo, esta percepción, tan extendida como peligrosa, suele ocultar una comprensión limitada de lo que realmente es la herramienta y de lo que puede (y no puede) aportar al ejercicio gerencial.


¿Qué es realmente MS Project?

MS Project es un software especializado para la planificación, programación, seguimiento y control de proyectos, diseñado para procesar información asociada principalmente a cronogramas, recursos y costos. Su funcionamiento se basa en modelos formales de dirección de proyectos ampliamente aceptados a nivel internacional, lo que le permite estructurar y relacionar actividades, duraciones, dependencias, calendarios y asignaciones de recursos de forma coherente.

En términos simples, MS Project actúa como un motor de cálculo que integra múltiples variables del proyecto y genera resultados derivados de esa interacción: fechas de inicio y fin, rutas críticas, holguras, cargas de trabajo, costos previstos y reales, entre otros. No es un simple editor de diagramas de Gantt, aunque esa sea su representación más visible y utilizada.

Comprender este punto es fundamental: MS Project no “dibuja” cronogramas; los calcula.

Figura 1. Vista Diagrama de Gantt

MS Project


La ilusión del dominio operativo

La mayoría de los usuarios aprende MS Project de forma práctica: creando tareas, enlazándolas con precedencias, asignando duraciones y, eventualmente, recursos. Con el tiempo, se adquiere cierta destreza operativa que permite producir cronogramas visualmente correctos y reportes aceptables.

No obstante, cuando el proyecto entra en escenarios de presión (ajustes de fechas, compromisos contractuales, restricciones presupuestales o decisiones estratégicas), surge una sensación recurrente de incertidumbre. Aparecen resultados que sorprenden: tareas que cambian de duración sin intervención aparente, fechas que se desplazan, costos que no coinciden con lo esperado.

En ese momento, muchos gestores dejan de confiar en la herramienta y recurren a métodos paralelos: hojas de cálculo, cronogramas simplificados o incluso cálculos manuales. Paradójicamente, el problema no suele estar en MS Project, sino en el nivel de comprensión con el que se está utilizando.


El núcleo del asunto: el manejo del cronograma

El corazón de MS Project es la gestión del cronograma. Todas las demás variables, recursos, trabajo, costos, se articulan alrededor de cómo se define y se gobierna el cronograma del proyecto. En este contexto, los calendarios (del proyecto, de los recursos y de las tareas) juegan un papel decisivo.

Una definición imprecisa de calendarios, jornadas laborales, días no laborables o excepciones puede alterar por completo los resultados del cronograma. Sin embargo, estos elementos suelen ser subestimados o configurados de manera automática, sin un análisis consciente de sus implicaciones.

El resultado es un modelo que “funciona”, pero que no representa fielmente la realidad del proyecto.


MS Project como sistema de información, no como gestor autónomo

Un error conceptual frecuente es atribuirle a MS Project un rol que no le corresponde. La herramienta no gestiona proyectos; gestiona información del proyecto. Procesa datos de entrada bajo ciertas reglas y entrega resultados coherentes con ese modelo.

La responsabilidad de interpretar esa información, validar sus supuestos y convertirla en decisiones sigue recayendo en el gestor del proyecto. En este sentido, MS Project es un aliado poderoso, pero nunca un sustituto del criterio profesional, del conocimiento del contexto organizacional ni de la comprensión estratégica del negocio.

Esto explica por qué, en algunos procesos de la dirección de proyectos, especialmente los relacionados con la planificación del cronograma y los costos, su papel es central, mientras que en otros ámbitos, como la gestión de interesados o las decisiones estratégicas, su aporte es indirecto o marginal.


Entre el método y la cultura organizacional

El valor real de MS Project también está condicionado por la madurez de la organización en gestión de proyectos. En entornos donde no existen definiciones claras de alcance, donde los cambios son constantes y poco controlados, o donde no se respeta la disciplina del seguimiento, ningún software puede garantizar resultados confiables.

Por el contrario, cuando la herramienta se integra a un marco metodológico claro, alineado con buenas prácticas y acompañado de una cultura de uso responsable de la información, MS Project se convierte en un soporte clave para reducir la incertidumbre y mejorar la toma de decisiones.

Figura 2. Vista Gráfico de Recursos

Project - Vista Gráfico de Recursos


MS Project y su apoyo a las Áreas de Conocimiento de la Guía del PMBOK

Para comprender el verdadero alcance de MS Project, resulta útil observarlo no como una herramienta aislada, sino como un soporte que dialoga con las áreas del conocimiento de la dirección de proyectos definidas por la Guía del PMBOK (6a. Ed.). Lejos de cubrirlas todas por igual, el software concentra su mayor fortaleza en aquellas donde el manejo estructurado de la información es crítico, y ofrece un apoyo complementario en las demás. La siguiente tabla sintetiza cómo MS Project contribuye de manera transversal a cada una de estas áreas, desde una perspectiva gerencial y no meramente operativa.


Tabla 1. Contribución de Project a la Gestión de las Áreas de Conocimiento

Área del conocimiento (Guía del PMBOK)

Cómo contribuye MS Project

Alcance gerencial

Gestión de la integración del proyecto

Centraliza la información clave del proyecto (cronograma, costos, avances) y permite consolidar una visión integrada para el seguimiento y el control. Facilita la coherencia entre planificación y ejecución, aunque no reemplaza la toma de decisiones integradoras.

Apoyo

Gestión del alcance del proyecto

Permite estructurar el alcance mediante tareas y tareas resumen, reflejando la EDT en el cronograma. Ayuda a visualizar el trabajo incluido y a detectar omisiones o expansiones no controladas del alcance.

Significativo

Gestión del cronograma

Es su núcleo funcional. Modela actividades, secuencias, duraciones, calendarios y dependencias, calculando fechas, holguras y rutas críticas. Hace visible el impacto temporal de cualquier cambio.

Esencial

Gestión de los costos del proyecto

Integra costos a partir del trabajo y la asignación de recursos. Permite estimar, consolidar y controlar el presupuesto, así como analizar desviaciones mediante técnicas como el valor ganado.

Esencial

Gestión de la calidad del proyecto

No gestiona la calidad directamente, pero permite planificar actividades asociadas a aseguramiento y control de calidad, y verificar si estas se ejecutan según lo programado.

Apoyo

Gestión de los recursos del proyecto

Facilita la definición, asignación y control de recursos, mostrando cargas de trabajo, sobreasignaciones y disponibilidad. Ayuda a balancear el uso de recursos en función del cronograma.

Significativo

Gestión de las comunicaciones del proyecto

Sirve como fuente estructurada de información para reportes, cronogramas ejecutivos y estados del proyecto, aunque la estrategia de comunicación depende del gestor.

Apoyo

Gestión de los riesgos del proyecto

No identifica riesgos por sí mismo, pero permite modelar sus efectos a través de ajustes en duraciones, costos, reservas y escenarios alternativos. Hace visible el impacto de los riesgos en el plan.

Apoyo

Gestión de las adquisiciones del proyecto

Apoya la planificación y el control de contratos y suministros al integrarlos como actividades con costos y fechas, facilitando su seguimiento dentro del cronograma general.

Apoyo

Gestión de los interesados (stakeholders)

Su aporte es indirecto: permite reflejar compromisos, hitos y entregables asociados a interesados clave, pero la gestión relacional excede el alcance del software.

Apoyo


Usar MS Project con criterio gerencial

Aprovechar MS Project en toda su dimensión implica ir más allá del uso instrumental. Supone entender:
  • que el cronograma es un modelo, no la realidad misma;
  • que los resultados dependen de supuestos explícitos e implícitos;
  • que la herramienta apoya, pero no reemplaza, el juicio del gestor;
  • y que su mayor fortaleza está en hacer visible la complejidad del proyecto, no en simplificarla artificialmente.

Usar MS Project con criterio gerencial implica, en última instancia, renunciar a la comodidad de delegar el pensamiento en la herramienta. Significa aceptar que ningún software, por robusto y difundido que sea, puede sustituir la responsabilidad intelectual de comprender el proyecto, cuestionar sus supuestos y anticipar sus tensiones. El cronograma no es una verdad revelada, sino una hipótesis de trabajo; los costos calculados no son certezas, sino escenarios; y la ruta crítica no es un destino inevitable, sino una señal de alerta que exige lectura estratégica. 

Cuando MS Project se usa sin reflexión, se convierte en un ritual burocrático que tranquiliza, pero no orienta. Cuando se usa con madurez, en cambio, revela la complejidad del proyecto y obliga al gestor a tomar posición. Tal vez la pregunta incómoda no sea si dominamos MS Project, sino si estamos dispuestos a asumir el proyecto más allá de lo que el software nos muestra.

Referencias

  • Project Management Institute. (2021). Guía de los fundamentos para la dirección de proyectos (7ª ed). Pennsylvania: PMI Publications.
  • Project Management Institute. (2017). Guía de los fundamentos para la dirección de proyectos (6ª ed). Pennsylvania: PMI Publications.


12 noviembre, 2025

Los Nuevos Rumbos de la Guía del PMBOK®: Una Mirada a la Octava Edición

I. Una conversación necesaria

–¿Otra versión de la Guía del PMBOK es lanzada en 2025? Pregunta la voz escéptica que habita en muchos gerentes de proyecto. Apenas estábamos digiriendo los doce principios y los dominios de desempeño de la séptima, cuando el PMI anuncia una octava edición.

–Sí, responde la voz más analítica, pero no se trata de un retroceso. Es una integración. La octava edición no borra la séptima; la complementa. Trae de vuelta la claridad procesal que muchos extrañaban, pero sin abandonar el enfoque sistémico, adaptable y orientado al valor que introdujo su predecesora.

El diálogo no es trivial: implica revisar cómo entendemos la gestión de proyectos en una era donde los límites entre lo predictivo, lo ágil y lo híbrido son cada vez más difusos.


II. Del pensamiento por procesos al pensamiento por principios… y de regreso

La séptima edición de la Guía del PMBOK® (2021) rompió con más de dos décadas de tradición. Abandonó los 49 procesos y sus entradas y salidas, para centrarse en 12 principios de gestión y 8 dominios de desempeño. Fue un giro conceptual: el PMI quiso pasar del manual de procedimientos al marco de pensamiento adaptativo.

Sin embargo, la octava edición (2025) asume que no basta con comprender los principios; también hay que operacionalizarlos. Por eso retoma los grupos de procesos, rebautizados como Focus Areas, e introduce una síntesis: 6 principios, 7 dominios y 5 áreas de enfoque. Un nuevo equilibrio entre lo filosófico y lo práctico, entre la dirección estratégica y la ejecución disciplinada.


III. Las nuevas coordenadas del marco

–Entonces, ¿la octava edición contradice la séptima?

–De ninguna manera, responde la voz analítica. La octava es, más bien, su evolución natural.

El documento sigue dividido en dos partes: (1) El Estándar para la Dirección de Proyectos, que define el sistema de entrega de valor, el entorno y los principios; y (2) La Guía del PMBOK®, que desarrolla los dominios de desempeño, las herramientas y los procesos.

Pero hay un cambio de fondo: el texto se vuelve más accesible, empírico y basado en evidencia. PMI recopiló más 40.000 aspectos de datos globales y dos rondas de revisión pública para estructurar una Guía más conectada con la práctica real de los proyectos.


Figura 1. Esquema de Migración de La Guía del PMBOK (8a. Ed.)Esquema de Migración

Fuente: (PMI, p. 363)

 

IV. Seis principios, una visión integrada

Esta edición define seis principios de gestión de proyectos que guían una práctica eficaz. Estos seis principios son el resultado de una simplificación, impulsada por la comunidad, de los doce principios definidos en la edición anterior. En la octava edición, los principios se han perfeccionado para ser más prácticos y se han consolidado para minimizar la redundancia, la duplicación y la confusión (PMI, 2025). 

Los doce principios de la séptima se resumen en seis grandes ejes de acción, todos con un marcado énfasis en la ética, la sostenibilidad y la responsabilidad social:

  1. Adoptar una visión holística del proyecto.
  2. Enfocarse en el valor.
  3. Integrar la calidad en procesos y entregables.
  4. Ejercer un liderazgo responsable.
  5. Incorporar la sostenibilidad en todas las áreas del proyecto.
  6. Construir una cultura empoderada.

Esta simplificación no resta profundidad; al contrario, permite conectar la dirección de proyectos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la gobernanza organizacional y las exigencias de transformación digital.

Figura 2. Principios de La Guía del PMBOK (8a. Ed.)Seis principios - Guía del PMBOK 8a. Ed.


V. Los nuevos dominios del desempeño

La séptima edición había definido ocho dominios interconectados (interesados, equipo, ciclo de vida, planificación, trabajo del proyecto, entrega, medición e incertidumbre). La octava edición los reorganiza en siete dominios más clásicos, pero revisados con una mirada contemporánea:

  1. Gobernanza, como eje central de la alineación estratégica.
  2. Alcance, con énfasis en la definición dinámica del valor.
  3. Cronograma, que incorpora cadencias iterativas.
  4. Finanzas, nuevo dominio que mide sostenibilidad y retorno.
  5. Interesados, más enfocado en la comunicación continua.
  6. Recursos, entendidos en clave de equipos y capacidades.
  7. Riesgos, ahora integrados con incertidumbre y complejidad.

Cada dominio incluye secciones sobre conceptos clave, procesos, consideraciones de adaptación e interacciones, lo que devuelve al lector la sensación de navegabilidad práctica que tenía la Guía del PMBOK de antaño, pero en un lenguaje moderno.

Figura 3. Dominios de Desempeño de La Guía del PMBOK (8a. Ed.)Dominios de desempeño - Guía del PMBOK 8a. Ed.


VI. El retorno de los procesos

Uno de los grandes reclamos de la comunidad era la pérdida de los grupos de procesos. La octava edición responde reintroduciéndolos como Focus Areas, es decir, áreas de atención que atraviesan cualquier enfoque metodológico:

  • Iniciación, donde el propósito y el valor se alinean.
  • Planeación, donde se define la estrategia de ejecución.
  • Ejecución, donde la colaboración se transforma en entrega.
  • Monitoreo y control, donde la realidad se mide y ajusta.
  • Cierre, donde el valor se transfiere y el aprendizaje se consolida.

No se trata de una regresión al modelo de la sexta edición, sino de un puente entre el pensamiento ágil y la disciplina del control.

Históricamente, estas cinco Áreas de Enfoque se presentaban como categorías lógicas de procesos formales de gestión de proyectos, conocidos como Grupos de Procesos de Gestión de Proyectos. En cambio, los proyectos actuales suelen satisfacer estos cinco conceptos mediante el uso de múltiples enfoques. Además de los procesos formales, los ciclos de vida de los proyectos también se gestionan frecuentemente mediante prácticas informales o políticas flexibles. Por ello, estos Grupos de Procesos históricos se han reinterpretado como Áreas de Enfoque (PMI, 2025, p.9).

 

Tabla 1. Aspectos a considerar en el enfoque por procesos

Aspecto

7ª Edición

8ª Edición

Modelo de procesos

Eliminado, en favor de modelos conceptuales

Reintroducido (procesos actualizados) bajo los dominios y áreas de enfoque

Herramientas y técnicas

Listadas en apéndices (modelos, métodos, artefactos)

Capítulos específicos: “Inputs and Outputs” y “Tools and Techniques”

Enfoque práctico

General y contextual

Detallado, operativo y basado en evidencia empírica


El PMI vuelve a publicar un catálogo de 40 procesos, organizados por dominios y acompañados de entradas, salidas, herramientas y técnicas. Además, dedica capítulos completos a Entradas y Salidas, así como a Herramientas y Técnicas, devolviendo a los gerentes una brújula metodológica sin perder el espíritu adaptable.

A esto se suma un nuevo principio transversal: la sostenibilidad integrada, que recorre desde la planificación hasta el cierre, recordando que no hay éxito de proyecto si compromete el futuro.


VII. La síntesis conceptual: de la ciencia al arte

La conversación entre ambas versiones puede resumirse así: la séptima privilegió la filosofía de la gestión; la octava recupera la ciencia del proceso. Juntas, trazan una ruta hacia un modelo integral: flexible, empírico y humano.

El director de proyecto ya no es un administrador de tareas, sino un líder responsable del valor y del impacto organizacional, un arquitecto de confianza que debe navegar entre métricas, ética y cultura.


VIII. Reflexión final: la gestión como conversación continua

–Entonces, ¿cuál edición deberíamos seguir?, pregunta la voz crítica, cerrando el diálogo.

–Ambas, responde la otra con serenidad. La séptima nos enseñó a pensar, la octava nos recuerda cómo actuar.

La gestión de proyectos es eso: una conversación permanente entre la estructura y el sentido, entre la técnica y la visión, entre el cronograma y el propósito.  Y en esa conversación –como en nuestro blog de La Esquina de la Gestión– seguimos aprendiendo, dialogando y construyendo valor.


Tabla 2. Perfeccionamiento de los principios de gestión de proyectos

Principios de la Séptima Edición

Ubicación en la Octava Edición

Justificación

3.9 Navegar la Complejidad

Principio redefinido: Adoptar una Visión Holística

Las interacciones entre las organizaciones, los interesados y las geografías de un proyecto representan un sistema complejo. El éxito requiere que los profesionales 'amplíen la mirada' para identificar restricciones y cambios relacionados.

3.5 Reconocer, Evaluar y Responder a las Interacciones del Sistema

Principio redefinido: Adoptar una Visión Holística

Las interacciones entre las organizaciones, los interesados y las geografías de un proyecto representan un sistema complejo. El éxito requiere ampliar la perspectiva para ver restricciones y cambios relacionados.

3.3 Participar Efectivamente con los Interesados
3.4 Enfocarse en el Valor
3.11 Adoptar Adaptabilidad y Resiliencia
3.12 Habilitar el Cambio para Lograr el Estado Futuro

Principio redefinido: Enfocarse en el Valor
+
Dominio de Desempeño: Interesados

El valor es el impulsor fundamental de los proyectos. El valor solo existe cuando los interesados son comprendidos y guiados durante los cambios que el proyecto experimenta y promueve. La participación de los interesados recibe un tratamiento más profundo como dominio de desempeño.

3.8 Construir Calidad en los Procesos y Entregables

Principio refinado: Integrar la Calidad en los Procesos y Entregables

La calidad es una dimensión que abarca tanto los resultados descritos en los dominios de desempeño como los resultados finales.

3.2 Crear un Equipo Colaborativo de Proyecto

Principio refinado: Construir una Cultura Empoderada

Construir una cultura empoderada implica fortalecer el entorno del equipo de proyecto y la colaboración efectiva con todos los interesados.

3.6 Demostrar Comportamientos de Liderazgo
3.1 Ser un Administrador Diligente, Respetuoso y Cuidadoso

Principio redefinido: Ser un Líder Responsable

Aclara qué comportamientos de liderazgo impulsan el éxito del proyecto. La administración responsable es uno de ellos y se relaciona con la rendición de cuentas profesional.

3.7 Adaptar Según el Contexto

Migrado a la Sección de Adaptación (Tailoring)

Aunque la adaptación es un concepto clave para el éxito del proyecto, se prefiere que sea discutida mediante mecanismos de gestión concretos y ejemplos prácticos.

3.10 Optimizar las Respuestas a los Riesgos

Migrado al Dominio de Desempeño: Gestión de Riesgos

Aunque la gestión de amenazas y oportunidades es esencial para el éxito del proyecto, se prefiere abordarla mediante mecanismos concretos, en relación con otros principios y dominios de desempeño.

Fuente: Adaptado de (PMI, p.364)

Referencias

  • Project Management Institute. (2021). Guía de los fundamentos para la dirección de proyectos (7ª ed). Pennsylvania: PMI Publications.
  • Project Management Institute. (2025). Guía de los fundamentos para la dirección de proyectos (8ª ed). Pennsylvania: PMI Publications.
  • Redondo, A. (2016). Los cambios de la Guía del PMBOK® 7ª Edición. https://alredsa.blogspot.com/2023/01/los-cambios-de-la-guia-del-pmbok-7a.html


19 septiembre, 2025

Panelada: cuando la propiedad industrial se enfrenta a la dignidad campesina

En Colombia estamos acostumbrados a que los campesinos aparezcan en los discursos como guardianes de la tradición, pero rara vez como actores económicos plenos. La suspensión provisional de la marca “Panelada” por parte del Tribunal Administrativo de Cundinamarca rompe con esa lógica. No es solo una decisión jurídica sobre un registro marcario; es un reconocimiento histórico de que la economía rural merece un lugar prioritario en la Constitución, en las políticas públicas y en la conciencia colectiva.

En 2020 la Superintendencia de Industria y Comercio concedió el registro de la marca Panelada a una empresa de alimentos que vendía un producto industrial con edulcorantes y aditivos. El nombre evocaba inevitablemente a la panela, ese bloque ámbar que endulza la memoria colectiva y que representa el sustento de más de 380.000 familias vinculadas a su producción. El riesgo de confusión era evidente: ¿cómo distinguir entre la panela natural y un producto industrializado con un nombre tan parecido? El tribunal respondió con firmeza: la marca debía suspenderse, pues el daño no se limitaba al consumidor engañado, sino también al corazón mismo de esta actividad agrícola.

Imagen obtenida de: Éxito.com

Lo novedoso del fallo no está solo en la cautela frente al engaño, sino en el reconocimiento expreso del valor económico de quienes producen panela como sujetos de protección especial. Hasta ahora, cuando se hablaba de sus derechos, el énfasis solía ponerse en lo cultural o simbólico. Esta vez el juez puso el acento en lo productivo: la panela no es únicamente tradición; es empleo, ingresos y competitividad. Defenderla es amparar una cadena de valor que sostiene regiones enteras del país.

Ese reconocimiento tiene un peso inmenso en un contexto donde el campo suele quedar relegado en la política económica. El fallo envía un mensaje claro: no se puede hablar de propiedad industrial ni de innovación empresarial sin tener en cuenta el impacto que estas decisiones tienen en la vida de las comunidades agrícolas. La marca ya no es un asunto exclusivamente comercial; es también un asunto de justicia social.

Cada panela –sólida o pulverizada– que llega a los hogares colombianos representa el esfuerzo de familias campesinas que trabajan desde la madrugada, sostienen escuelas rurales y mantienen vivas economías locales. Cuando un nombre confunde al consumidor y le resta valor al producto tradicional, lo que se erosiona no es solo un símbolo cultural, sino la dignidad económica de miles de hogares.

Aunque este fallo podría incomodar a algunos sectores empresariales, les recuerda que los derechos de propiedad industrial no son absolutos. Una marca no puede construirse sobre la base de la confusión ni de la apropiación indebida de una tradición productiva. La innovación es bienvenida, pero no a costa de los más vulnerables. La creatividad de mercado tiene que dialogar con la ética y reconocer los límites que impone el respeto a las comunidades.

Lo ocurrido debería servir de alerta para otros productos tradicionales: café, cacao, bocadillo, queso costeño, por mencionar algunos. Si el precedente se consolida, Colombia estará dando un paso decisivo hacia la protección de las denominaciones de origen, las marcas colectivas y los bienes comunes que constituyen nuestro patrimonio productivo y cultural. No se trata de frenar la iniciativa privada, sino de asegurar que esta no atropelle las bases de la economía rural.

El 26 de agosto de 2025 quedará registrado como el día en que un juez colombiano decidió que la vida en el campo no podía seguir siendo invisible. Ese día no solo se suspendió una marca; se dignificó el trabajo de las familias que con cada panela sostienen nuestra mesa y nuestra identidad. Que no se nos olvide: proteger la panela es defender a quienes la producen, y cuidarlos a ellos es mantener viva la memoria productiva del país.

Finalmente, el caso también abre un debate más amplio sobre los límites de la propiedad industrial. Cuando un término ha sido usado colectivamente durante décadas, como parte del lenguaje y de las prácticas cotidianas, ¿puede ser apropiado por una sola empresa? ¿Hasta dónde una denominación se convierte en patrimonio cultural y deja de ser un simple recurso comercial? Y, sobre todo, ¿cómo garantizar protección a comunidades que no han formalizado de manera institucional su identidad de marca, pero cuyos productos y saberes sostienen la memoria productiva del país?